29.4.05

Los surcos del pensamiento

Supe de Miguel de Guzmán por mis padres. Los tres (él y ellos) comparten su pasión por las matemáticas, en lo personal y lo profesional. Algunos de sus libritos aún tienen su lugar entre las estanterías de mi padre. Donde almacena, como le gusta decir, sus pequeñas joyas.

Miguel de Guzmán (Cartagena 1936, Madrid 2004) estudió Filosofía en Alemania (1961), Matemáticas en Madrid (1965) y se doctoró en Chicago en el 68. Ha sido profesor en universidades de Chicago, St. Louis, Princeton (EE.UU.), Suecia y Brasil y era catedrático de Análisis Matemático de la Complutense de Madrid y Académico de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales desde 1982. Fue presidente de la Comisión Internacional de Educación Matemática (ICMI) de 1991 a 1998. Es autor de numerosos libros técnicos (publicados en importantes editoriales internacionales) y de divulgación (traducidos al inglés, chino, finlandés, francés y portugués), articulista y conferenciante.

No lo conocí en persona. Sólo a través de alguno de sus libros. Le gustaba escribir sobre el pensamiento creativo, sobre cómo afrontar problemas, cómo pensar [1]. En sus escritos vi por primera vez la expresión surcos mentales. Son los caminos que recorre nuestra mente cada vez que se enfrenta al mismo problema, los hábitos adquiridos.

Un rato de navegación por la red, en especial por la blogosfera, puede llegar a ser una cansada demostración de esta teoría. En cualquier foro de discusión se encuentran numerosos ejemplos de un proceso mental muy parecido al siguiente:
  1. Elíjase una etiqueta para el foro o la noticia que se comenta.
  2. Sitúese en una posición oficial con respecto a la noticia. Piense uno como liberal, o como socialista, o como cristiano, o como escéptico, o como lo que le toque. Así estará a favor o en contra de dicha noticia.
  3. Identifique, entre los comentarios, una opinión discordante con la suya. Es más fácil si quien vertió esa opinión ha criticado a quienes opinan lo mismo que usted.
  4. Ya casi ha llegado al final: use su superioridad intelectual para calificar, en público o en privado, a esa persona como facha, progre (o "progre de salón", que queda mejor), fanático, homófobo, izquierdoso, magufo, cristofascista, machista, traidor, desleal, hipócrita o, sencillamente, estúpido.
  5. Es muy importante que no trate, en ningún momento, de entender a la persona con la que discute. No debe usted, bajo ningún concepto, dar su brazo a torcer o conceder al otro, siquiera, el beneficio de la duda. Usted lleva razón. Es evidente.
  6. Ni siquiera es necesario tratar de seguir el razonamiento del otro. ¿Para qué tiene usted surcos mentales? ¡Utilícelos! En el momento en que comienza a leer lo que el otro ha escrito, identifique la etiqueta que mejor le casa (véase el punto 4). A partir de ahí, no se preocupe por lo que dice el otro. Es exactamente lo que usted espera oír de él. Sin matices. ¿Qué otra cosa se puede esperar de un facha / progre / fanático /... /estúpido?
Reconozco que tengo facilidad para encontrar este tipo de razonamientos. Quizás porque los espero encontrar: yo también tengo mis surcos mentales. Probablemente exagero; pero quizás haya algo de verdad bajo mi exageración.

En todo caso, para quien le pueda servir esta reflexión, una propuesta triple:
  1. Escuchar lo que el otro nos dice, no lo que esperamos oir. Como si fuera la primera vez que hablamos con él.
  2. Incluso en aquello de lo que más seguros estamos, podemos estar equivocados. Concedamos, pues, una mínima posibilidad de acierto a nuestro rival dialéctico.
  3. Tal vez haya puntos de encuentro. En muchas ocasiones hay coincidencia de objetivos; pero se discute por la mejor forma de llevarlos a la práctica. No perdamos la perspectiva.
Una última advertencia, heredada del pensamiento de Anthony de Mello. Es mucho más productivo tratar de descubrir mis vicios de pensamiento, que encontrar los de los demás. ¿Cómo era aquello de la viga y la paja...?

No dejen de leer el capítulo de los surcos mentales (cap. 2) del libro de Miguel de Guzmán. Es corto y merece la pena.
----
Referencias:

[1] Miguel de Guzmán, Para pensar mejor. Desarrollo de la creatividad a través de los procesos matemáticos (Pirámide, Madrid, 1995).

3 comentarios:

mario dijo...

Supongo que sentar cátedra es algo a lo que estamos demasiado habituados...es tan fácil creerte más que el que tienes al lado...y luego, después de humillarte a ti mismo ante los demás (muchas veces te embelesas en tu propio discurso tanto que ante ti mismo crees haber descubierto el fuego...) demostrando tu arrogancia, la charla degenera y entras en una espiral de sinsentido sofista de la que sales sedado, borracho de palabras, que se dice...

Josu dijo...

Dan muchas ganas de leer a Guzmán después de lo que cuentas.
Y en cuanto a los "debates" en Internet, es muy cierto lo que dices. Como soy anglófilo perdido creo ver en otros países mayores dosis de verdadera argumentación y debate en sus foros. Pero a lo mejor son fantasías.
Lo cierto es que en las páginas en español pocas veces se encuentra discusión cuidadosa y dispuesta a ponerse en el punto de vista del otro, como dices.
Mucho hooligan, mucho banderizo, y poca verdadera conversación, creo yo.
Saludos
www.malaprensa.com

Roberto Iza Valdes dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.