6.6.05

Que alguien les quite los juguetes

Comencé en esto de la democracia, pongamos, con las elecciones generales
del 2000. No es que antes me desinteresara completamente la política,
pero admito ese como punto de partida para mi, hasta ahora, breve
carrera como ciudadano.

¿Cuándo empezaron a jugar? Sospecho que desde siempre. Pero yo viví una
época, quizás motivada por mi anhelo de futuro, donde escuchaba noticias
sobre contenidos interesantes: educación, tecnología, desarrollo
económico, empleo, migraciones... incluso construcción europea. Estuve a
punto de creerme mi propio sueño.

Pero ya no más.

Un gobierno norteamericano decidió eliminar el régimen gobernante en
Irak. Se han escrito libros sobre las causas; yo no añadiré una palabra
más. ¿Qué hacemos?
a) Apoyar la invasión. Y mandar soldados a cubrir la retaguardia.
b) Llamar asesinos a los que apoyan la invasión. Y retirar los soldados,
claro.
c) ¿Nunca hubo otra opción? Negociar las condiciones. Hacer lo posible
por garantizar el mínimo daño a la población. Pensar la
"reconstrucción", en vez de improvisarla. Discutir qué pretendíamos
conseguir apoyando a EEUU. Ver si podíamos pasar sin ello, si podríamos
conseguirlo de otra forma, si merecía la pena el precio.
Resultado: 12000 juguetes rotos. Y nadie que quiera asumir la más mínima
responsabilidad, claro.

Marzo del año pasado. ¿Para qué vamos a estar a la altura de las
circunstancias? Mejor sigamos intrigando, jugando a ver quién se queda
con los votos.
Señores, yo ya sabía lo de Irak. No necesité que vinieran unos asesinos
a recordármelo. Se lo diré de nuevo: todo lo que pasó con respecto a
Irak no es ni mejor ni peor por culpa del atentado. Ni por la gestión de
la información de unos, ni por las manifestaciones de otros... No me
tomen por idiota. Voté a quien quise, porque quise. Pensando en las
personas y en los programas. Así que dejen de pensar que me importa
quién llevara razón el día 13.

Desde entonces, el terrorismo parece haberse convertido en su juguete
preferido. En vez de unirse, se vendieron todos (repito, TODOS) por un
maldito puñado de votos. Entonces y ahora. Así que dejen de darme la
tabarra hablando de diálogo, de traición, de mentiras. No hay diálogo si
uno no es capaz de ponerse en la posición del otro. Ustedes, por si no
se habían dado cuenta, están de acuerdo en cómo tratar el terrorismo.
Pero han conseguido encontrar sus diferencias. Porque es mejor hacer que
el oponente quede aislado. Porque es mejor hacer que la gente salga a la
calle. Porque cualquier cosa es mejor, al parecer, que resolver los
problemas. No me hablen de traición, que creo que me estoy hartando de
oirles.

Yo sigo creyendo en Europa. Yo quiero (¿seré un iluso?) viajar a Viena y
seguir estando en casa. No he pasado tanta vergüenza como en la campaña
electoral del famoso referéndum. Enhorabuena. Consiguieron que me
quedara en casa. La próxima vez que me expliquen la constitución,
háganme un favor: no me hablen del preámbulo, que es muy bonito, pero no
dice nada. Discutan sobre el contenido. Dejen de jugar con mi
sensibilidad europea. Y, de paso, con mi sensibilidad española. (Por
cierto, no soy "nacionalista español"... pero que no me digan que los de
Guadalajara andamos explotando y oprimiendo a los de Barcelona... porque
ya me dirá usted cómo).

Por cierto, soy católico. Admito las críticas a las posturas de mis
obispos. Algunas, las comparto. Pero no sé por qué regla de tres hay que
andar tocando las narices con la sensibilidad de la gente. No sé por qué
tengo que estar de acuerdo con lo que diga un partido político. No sé
por qué el apoyo a la formación religiosa me convierte en un facha (¿y
cómo quieren entender el mundo? el de aquí, el de los que llegan de
Sudamérica, del este de Europa, del norte de África). Tengo mis dudas
razonables sobre un montón de temas políticos en los que la Iglesia anda
metida por medio, no me pregunten por qué. Sé que existen, porque
algunas son las mías, posturas matizadas, donde es posible el acuerdo,
donde hay grises, donde se puede sacar lo mejor de ambas partes
enfrentadas. Así que no me quieran engañar diciendo que esto es una
batalla entre dos frentes irreconciliables. No ando sobrado de fe,
créanme, así que dejen de rifársela. Ya juegan con mi voto, ¿quieren
jugar también con mi conciencia?

Señores, el mundo me da vértigo. Estamos dirigidos por niños trajeados
que harán cualquier cosa porque alguien les regale una piruleta. Yo ya
no sé qué hacer. Pero, por favor, que alguien les quite los juguetes.

3 comentarios:

Gerthalas dijo...

La verdad es que no puedo estar más de acuerdo contigo. Pienso como tú en muchos de estos temas. La política en nuestro país y en muchos otros se ha convertido en una vorágine de mentiras, ilusiones, porcentajes y partidismos. Por desgracia el verdadero sentido de la democracia, la voz del pueblo, la igualdad, la paz y de tantas otras cosas que utópicamente promueve esta doctrina política... se han ido a la mierda.

Siempre he pensado que el poder corrompe. Cuando uno es la cúspide de la jerarquía política, da igual que sea más rojo que Stalin o más facha que Franco, sus decisiones siempre están movidas por los intereses... y ahí está el error! Que no son sólo sus intereses los que debe defender, sino también los de la gente de la calle!

Por desgracia en el mundo en que vivimos no podemos tomar una postura apolítica, porque no existe. La política mueve todo en nuestras vidas, y no podemos permanecer ajenos a ella. Pero... ¿no da igual interesarnos por ella si al fin de al cabo no podemos cambiar nada? Ni siquiera manifestaciones de millones de personas a favor de la paz pudo hacerlo... ¿cómo hacerlo entonces, si ni con puños ni con gritos se nos escucha? Para algunos la respuesta es fácil: con las armas. Para mí desde luego no es tan sencilla...

Lucas dijo...

Y unos y otros se atribuyen la voz del pueblo, el pensamiento del pueblo, las ideas del pueblo... mientras viven cada día más alejados del pueblo, generando problemas que no nos preocupan para buscar soluciones que no nos importan y dejandonos huerfanos para todo aquello que realmente necesitamos.

Quizás lleven razón con eso de las dos Españas: una preocupada por mantener a toda costa extrañas ideas que ellos llaman política, la otra, preocupada por ser un poquito feliz

cocholate dijo...

Ole, ole y ole....

No me siento representada, ni entendida, ni escuchada y aún así me representan.