1.8.05

Condiciones de contorno

Un campamento scout, versión Hairanakh y su grupo, consiste en pasar 15 días a cargo de chavales de 6 a 18 años (divididos por edades, los míos tienen 14-17), en medio de un hermoso pinar soriano con un pequeño río. Como única comodidad, la piscina del pueblo de al lado, que visitábamos casi diariamente. El resto: dormir en tiendas de campaña, comer en el suelo, cocinar (nosotros mismos) en una cocina de madera y lonas (construida para la ocasión), lavarse y fregar con un sistema de fontanería montado con mangueras de jardín y juntas de PVC para riego... Todo bastante sencillo, porque ninguno somos expertos; nos limitamos a construir nuestras chapucillas con las que sobrevivir durante el campamento.

Supongo que habrá quien no lo entienda. Pero es terriblemente adictivo. Quizás porque es el entorno perfecto para superar pequeños retos (en un campamento scout los retos siempre se acaban superando, de un modo u otro).

Un campamento scout es un conjunto de anécdotas. Algunas te hacen madurar, otras te dan fuerzas para seguir adelante, otras te hacen sentir algo mejor por dentro.

16 de julio. Llegada. Y toca cocinar. Preparando la cena, mis chavales acuden a mí en busca de consejo. Si me viera mi madre...
17 de julio. Nos acercamos a la misa del pueblo. Me quedo con la cara de alguna de las señoras de allí al ver la iglesia llena a rebosar.
18 de julio. El despertador suena a las 3 a.m. A las 4:30 comenzamos a andar en dirección a Vinuesa, a 32 kilómetros del campamento, cargados con nuestras mochilas. Al final, el cansancio es terrible. Pero puedo llamar a casa y decir "mamá, estoy bien".
19 de julio. Subimos a la Laguna Negra. Unos 18 kilómetros, todos cuesta arriba. De nuevo, caminamos de madrugada. Cuando llegamos aún son las 10:30 de la mañana. A media tarde un grupo de muchachos uniformados, en estricta formación, baja cantando la ladera de la montaña. Caminan de forma tan maquinal que da un poco de miedo. Por la noche, sin embargo, un grupo de lobatos (scouts de 8-10 años) aterriza en el refugio. Gritan, se pelean, se quejan... son niños de verdad. Respiro más a gusto al contacto con otros hermanos scouts.
20 de julio. Coronamos el pico Urbión por el camino de máxima pendiente, con los pulmones al límite pero sintiendo la sensación de plenitud que queda cuando el esfuerzo se recompensa con el éxito. En la cima me encuentro a un compañero de la universidad (y amigo) que ha subido por la otra cara, con un grupo de chavales del centro juvenil salesiano en el que él es monitor. El descenso es duro, sobre todo porque la rodilla ha comenzado a protestar.
21 de julio. Regresamos al campamento en una última etapa de unos 25 kilómetros. Por el camino, nos cruzamos con un grupo de personas cargadas de gasolina. El recuerdo del incendio de Guadalajara (nuestra tierra, al fin y al cabo) nos hace estremecer. Avisamos al 112 y comienzan a pasar coches de forestales en dirección al lugar donde habíamos visto a los hombres. No sabemos nada más del asunto.
22 de julio. Tres experiencias en una, todas envueltas por el agotamiento. Reconciliarnos con nuestros chicos, con los que tuvimos una fuerte discusión el día anterior. Saborear los casi 100 kilómetros recorridos, más de lo que uno habría esperado aguantar tras un año de vida absolutamente sedentaria. Sufrir las ampollas en los pies, el dolor de rodillas, la inflamación del empeine, la sobrecarga en los hombros...
23 de julio. Toda la mañana encerrado en la cocina. Esa noche, o la anterior (igual da), una de las personas que más admiro me dice que he sido -y soy- un apoyo muy importante para ella. Y que tengo las cosas muy claras. Es, en el mejor de los casos, exageradamente generoso. Pero ayuda a subir la moral.
24 de julio. El día de visita de los padres. Los míos llegaron para recordarme que, por encima de todo, la familia nunca te falla. Parece mentira que no lo haya tenido tan claro hasta ahora.
25 de julio. En la piscina, una niña de 11 años se abraza a mí. Me dice "te quiero" con esa sinceridad que sólo los niños tienen.
26 de julio. Conversación nocturna con otros monitores. Con algunos de ellos apenas he cruzado tres palabras durante el año. "Ya sabes que tienes todo nuestro apoyo".
27 de julio. Los mayores han preparado pollo al curry para la cena. Forma parte de un juego, magnífico y entretenido, que durará dos días. No recuerdo un momento tan mágico como ese desde hace... puff... no lo recuerdo.
28 de julio. El juego termina. Felicito a los organizadores. Un abrazo con uno de ellos, con el que hace un par de años tuve la bronca más dura que recuerdo.
29 de julio. Deja que se resuelva el misterio del amigo invisible. El mío, un niño con síndrome de Down que toca para mí una canción con la flauta (la de El Señor de los Anillos). Cuando termina de tocar, en medio de un tremendo aplauso, me da un abrazo. Emocionante.
30 de julio. En la madrugada, una conversación fascinante, bajo la luz de las estrellas, con un gran amigo. Suficiente para dar sentido a todo el campamento, si hiciera falta.

En una palabra: VIDA.

4 comentarios:

Lucas dijo...

No sabes como lamento habermelo perdido, despues de tantos años, no haber estado ni siquiera el día de padres.
Pero me han llegado las noticias y he estado con vosotros, cada momento, cada minuto... Por lo que veo, me cuentan e intuyo, un nuevo gran éxito (y van...).

Sabes que, desde donde ando, seguís contando con mi apoyo incondicional, para lo que podais necesitar.

Enhorabuena a ti, y a través de ti, a toda la gente, porque cuando se tiene claro lo realmente importante (y tu lo tienes), siempre se llega al final del camino con el corazón rebosante de alegría.

Tendremos tiempo para que me cuentes historias, pero quería dejar por aquí escrito mi más sincera felicitación, porque seguro que después del campamento el mundo no ha mejorado demasiado, pero unos cuantos chavalillos habrán crecido un poco más y, sólo por eso, por ellos y por vosotros, habrá merecido la pena.

Marta dijo...

IMPRESIONANTE! FANTÁSTICO!

Me quedé con ganas de que sigas contando y nos muestres fotos, si es posible!

GRACIAS!

Hairanakh dijo...

Lucas, ya sé que has estado ahí... gracias. A ver si hablamos un día de estos.

Marta, gracias por los ánimos. Intentaré conseguir fotos para ponerlas (yo soy poco fotógrafo).

Gerthalas dijo...

¿Qué puede haber mejor que una conversación a la luz de las estrellas, alma al descubierto y corazón a flor de piel con un buen amigo? Pues a mi parecer pocas cosas. Me alegro mucho de haber podido disfrutar de esos minutos contigo. Ya sabes que eres mi "libro abierto", me aportas un conocimiento que no está escrito en ningún sitio. Inundas mi espíritu de una paz que poca gente logra transmitirme. Eres un gran hombre, digno de admiración y de confianza... lo que me extraña es que hayamos tardado tanto tiempo en tener una buena conversación ¡Con lo fácil que es conectar siendo los dos frikis, pero no sólo del rol, sino también del escultismo!

Acuden a mí tus sabios consejos en estos días de tranquilidad y soledad. Ahora sólo queda que decida dar mi paso. Ya te volveré a informar. Lamento no haber podido ir al kraal de evaluación del campa... pero ya sabes que opino como tú en casi todo, así que no habrá sido una gran pérdida.

Un fuerte abrazo amigo mío. Nos veremos pronto. Gracias por tu ayuda durante todo el campa. Eres mi estrella Polar! Buena Caza!