6.8.05

Tierra y fuego

La Alcarria es un hermoso país al que la gente no le da la gana de ir.
Así comenzaba Camilo José Cela su Viaje a la Alcarria, libro que pocos de los ajenos a esta tierra habrán leído y pocos alcarreños habrán dejado de leer (en parte, porque suele ser lectura obligada en algún curso de literatura).

La Alcarria es una comarca de Guadalajara (bueno, compartida con Cuenca) y Guadalajara es una provincia más o menos olvidada de lo que se viene a conocer por ahí como España. Tenemos un par de centrales nucleares, un puñado (grande) de embalses y, al cabo, todo lo que uno podría querer poner en Madrid pero no pudo, porque allí no les queda mucho sitio. El trasvase Tajo-Segura saca el agua de Entrepeñas (¿adivinan en qué provincia está?), así esta pequeña tierra no sólo almacena recursos para los vecinos más cercanos.

Lo de vivir cerca de Madrid tiene también sus ventajas, no se vayan a pensar. Bueno, cada vez que transfieren alguna competencia a las autonomías, las ventajas son menos. Pero no pasa nada, seguimos viviendo con ello. Las manifestaciones y la gran política no son excesivamente populares por aquí. Guadalajara es una pequeña ciudad, o un pueblo grande. De provincias, que se decía antes. Tal vez se siga diciendo ahora.

Sólo hay dos cosas que pueden mover verdaderamente a la gente: las personas y la tierra. Las personas, porque aquí nos conocemos todos. Cuando pasó lo del 11-M, murieron varios vecinos de aquí. Todos conocíamos a alguno, o teníamos algún amigo que los conocía. Por eso hubo tanto dolor, y en la manifestación del viernes 12 salió a la calle toda la ciudad. Literalmente.

El incendio de hace unos días, del que apenas he hablado por aquí, es otra de esas cosas. Las personas que murieron eran cercanas. Los sitios que se han quemado, también. Muchos de los que vivimos en Guadalajara tenemos el pueblo (nuestro o de nuestros padres) en la provincia. Con los pinos ha ardido, como dijo Lucas, una parte de nuestra alma. Y eso duele, sea uno del signo que sea. Si alguien duda de ello, hará bien en guardarse la duda para sí mismo.

Ningún gobierno se ha preocupado gran cosa por nuestra provincia. Ni antes, ni ahora. Tampoco la oposición. Así que, a todos los que vienen por aquí a hacer gran política de este asunto, les ruego que se abstengan. No me acaba de sentar bien que, después de que nadie se preocupe por poner los medios para evitar este tipo de tragedias, la solución pase por dejar de fumar en el monte. Ya que no me van a resolver mis problemas, al menos dejen de usarme de excusa para hacer su política de salón.

Pues eso.

1 comentario:

Álvaro Navarro dijo...

:) Yo nunca he tenido pueblo: de pequeño me sentía un poco cojo porque todos mis amigos se iban antes o después "al pueblo" y yo no tenía tal cosa.

El caso es que ahora sí tengo pueblo (mi padre posee una parte de la casa de mi abuela), y está en guadalajara precisamente. Cubillas del Pinar, cerca de Sigüenza.