2.8.05

UBN (I): Anuncios y decisiones

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Puedo jurar que no fueron los midiclorianos. Nunca entraron en detalles conmigo, y yo no se los pregunté. La intimidad de los amigos es más importante que las historias. Pero nadie les dio el guión escrito desde el principio, ni les planteó la situación como algo verdaderamente excepcional. Fueron ellos los que tuvieron que afrontarlo.

Quedarse embarazada a los 19 no era, ni siquiera en la España de los 70, cosa de poco. Especialmente si, como María, una está soltera y tratando de sacar las primeras asignaturas de una dura carrera universitaria. Así que el día en que ella y Jose, su novio, estuvieron seguros del asunto, se les vino el mundo encima.

María sabía, con esa extraña certeza que sólo tienen las madres, que su hijo tenía que ser alguien muy especial. Posiblemente nunca pensó, deliciosamente humilde como era, que parte de ello se debía, sin duda, a que ella era muy especial. En todo caso, decidió luchar por él y entregarse a la tarea de ser madre, mujer y estudiante, todo al mismo tiempo. Alguno de sus compañeros me contaba lo insignificante que puede sentirse uno al llegar a clase de mala gana, tras la resaca, y cruzarse con ella: con su sonrisa amable y sus ojos cansados, porque el niño no había dejado de llorar en toda la noche. Al final, María sacó la carrera.

A Jose le entraron las dudas. "¿Qué pensarán en el pueblo?" "¿Cómo voy a llevar esto?" "¿Y si el niño no es mío?". Las malas lenguas dicen que la última de las preguntas se la hizo más de una vez. Las buenas, que nunca se la llegó a hacer: en realidad amaba tanto a María que habría tenido el hijo con ella aunque el padre biológico fuese otro. Yo no lo conocí tanto, pero sí me enteré que dobló su turno de trabajo para poder ayudar a su familia.

Cuando sus compañeros andaban preocupados por el futuro, ellos eran felices porque, decían, tenían la vida resuelta: un niño, un piso, un motivo para seguir adelante. No acabo de entenderlo, pero estoy seguro de que Jesús fue un regalo para sus padres. Mirando hacia atrás, María confesaba que no habría renunciado a esa vivencia por nada del mundo.

Que nadie piense que se casaron porque no les quedó más remedio. Se querían. Descubrir la Felicidad en la tarea de criar a su hijo es una de las cosas que les hace merecedores de ser llamados santos.

3 comentarios:

Wonka dijo...

Promete, promete la historia. La pena es que no la voy a poder leer por entregas, pues mañana me piro de vacaciones sin internet. Ya veo que tú has disfrutado (y hecho disfrutar) el campamento. Un saludo.

Hairanakh dijo...

Disfruta de las vacaciones. En cuanto a la historia... es un proyecto a largo plazo, para ir contando de forma irregular. Quizás no te pierdas tanto ;-)

"CeLiA" dijo...

La historia parece interesante... habrá que seguir leyendola...

un abrazo ^^