5.8.05

UBN (III): Nacimiento

Si aún no lo has hecho, puedes leer la introducción a esta serie y/o el índice de todo lo publicado.

"Fíjate en esa muchacha. ¡Tiene que estar a punto de dar a luz!"

Lo decía una señora bien arreglada, posiblemente de clase alta, a su marido, en el andén de la Estación del Norte en Madrid. Poco después el matrimonio subió, como tantos otros, al tren que les llevaría a Santiago de Compostela: coche cama, compartimento para dos, lo más confortable que ofrecía RENFE para viajar de noche por tierras españolas. No pensaron más en la mujer embarazada.

Para María y Jose no quedó más remedio que viajar en segunda, en asientos. Todas las plazas para viajar acostados estaban ya ocupadas cuando ellos sacaron los billetes. Era primero de Agosto y el tren iba a rebosar. La solución no era cómoda, pero era la única posible si querían llegar a Galicia a tiempo para resolver unos asuntos administrativos relacionados con la familia de él, originaria de un pueblecito cercano a la ciudad del Apóstol. Qué asuntos eran tan importantes como para obligarlos a un viaje como aquél, nadie me lo supo explicar jamás.

La situación no habría pasado de ser una incómoda anécdota si María no hubiera roto aguas en mitad de la noche, con el tren circulando por la meseta y el vagón repleto de personas somnolientas. Todos los compartimentos con camas iban ocupados, y un coche de segunda no parecía el mejor sitio para traer al mundo a un bebé. La pequeña cabina donde descansaban los revisores apenas tenía espacio para moverse así que, al final, entre dos empleados del tren y un par de viajeros voluntariosos improvisaron una cama en un compartimento de carga. Una madre de familia y una estudiante de enfermería, que viajaban también en segunda, atendieron a María durante el parto.

Según avanzaba la noche se iba corriendo la noticia. Poco a poco fueron pasando varias personas por el vagón de carga. Eran viajeros que querían ver al niño, saludar a la madre y ofrecer un poco de cariño. Una familia sevillana les llevó algo de comida. Juan, un joven estudiante, les regaló una lámpara de viaje, que dio un aspecto algo más acogedor al compartimento de carga. Una niña de 7 años, Alicia, dibujó a María, Jose y Jesús (el niño) en una hoja de su cuaderno. Antonio, el revisor, les llevó un montón de mantas para que pasaran la noche lo mejor posible. Encarna, una señora ya entrada en años, le dio a María un pequeño crucifijo de plata, "para que se lo regalara a Jesús cuando hiciera la primera comunión".
...
En los vagones de primera clase siguieron durmiendo plácidamente hasta llegar a su destino.

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Santiago de Compostela acogía por aquellos días un congreso internacional de física. Uno de los asistentes, estudiante madrileño de doctorado y pasajero del tren nocturno, comentó a algunos colegas la anécdota del nacimiento de Jesús. Durante la recepción oficial en el Ayuntamiento se notó la ausencia de tres destacados profesores norteamericanos. Se las habían arreglado para encontrar el lugar en el que estaba alojada la familia y les hicieron una visita sorpresa, conmovidos por la historia. Los científicos, incluso los más famosos, también tienen su corazoncito.

Pequeño comentario para centrar la atención: no hizo falta que nadie actuara de mala fe para que Jesús tuviera que nacer en un compartimento de carga.

2 comentarios:

Lucas dijo...

No se yo si tres destacados profesores americanos visitarían al recién nacido, perdiendose la recepción oficial...
Lo que me extraña que no te contara tu amigo es la tremenda juerga que montaron los becarios en su visita, que hicieron reír a padres y niño hasta las tantas.

Alvaro Navarro dijo...

Bueno, bueno, no he comentado nada antes sobre la serie UBN, pero sólo decirte que está chula, es un placer leerte, y que sigas cuando encuentres un hueco :)