12.8.05

UBN (IV): En el desierto

Si aún no lo has hecho, puedes leer la introducción a esta serie y/o el índice de todo lo publicado.
A partir de ahora, me saltaré completamente el orden (crono)lógico que aparece en el relato original (léase Evangelio). Ya hace años que se inventó eso de narrar las historias haciendo "saltos en el tiempo", así que me aprovecharé de ese recurso para mi comodidad.

Cuando Jesús terminó la carrera, con un expediente más que aceptable, tuvo que plantearse seriamente qué hacer con su vida.

Tenía sobre la mesa una oferta de una importante empresa dedicada a la consultoría estratégica. El proceso de selección prácticamente terminado. Unos 6 millones (de pesetas, que aún no había entrado en vigor el euro) brutos al año, más un variable, como sueldo de entrada. Un MBA pagado por la empresa después del segundo año. Un trabajo interesante y un puesto de responsabilidad. Pero, eso sí, con un horario difícil: entrar a las 8 y salir... Dios dirá cuándo.
Había hablado con el tutor de su Proyecto Fin de Carrrera. Podía inciar el doctorado en su universidad. O, mejor aún, irse a alguna universidad de prestigio en Europa o los Estados Unidos. Con su perfil tendría, desde luego, un buen sueldo, y un trabajo muy interesante. En la punta de la investigación mundial. Codo con codo con los "gurús" de la tecnología.
Su tío, convertido ahora en un importante dirigente de un partido político, le ofrecía también trabajo. Como persona de confianza y de valía. Con serias posibilidades de ascender y de llegar a tener un puesto importante, en Madrid o incluso (¿quién sabe?) en el Parlamento o el Gobierno centrales. Una prometedora carrera política.

¿Por qué Jesús, tras meditarlo un tiempo en solitario, eligió quedarse a trabajar en el taller-ferretería de su padre?

Quizás porque el dinero, el conocimiento o el poder no lo son todo.
Quizás porque así, al cerrar el taller, podía acercarse a servir cenas en un comedor
de caridad que había a la vuelta de la esquina.
Quizás porque pensaba que a su padre le vendía bien una mano... y no tener que cerrar el taller mientras duraran las sesiones de quimioterapia que empezaba justo entonces.
Quizás por no dejar el barrio, a las personas que vivían en él...
Quizás porque así tenía más tiempo para hablar con la gente e interesarse por sus vidas. Porque pensaba que era un trabajo más
humano.

Yo no lo sé. Si alguien tiene alguna respuesta posible, le agradecería que la publicara en los comentarios. O en cualquier otro sitio.

1 comentario:

Dolores dijo...

El otro día un amigo me envió este poema para darme ánimos!! Las opciones como la que contás son grandes.. y a veces vuelven en forma de duda o de reproche... por eso sirve recordar que...

Los justos
"Un hombre que cultiva un jardmn, como querma Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya mzsica.
El que descubre con placer una etimologma.
Dos empleados que en un cafi del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipsgrafo que compone bien esta pagina, que tal vez no le agrada
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razsn.
Esas personas, que se ignoran, estan salvando el mundo."
Borges