5.12.05

Praga a la madrileña


Esta historia termina a la 1:30 a.m. en el Karlův Most (que es como se llama en checo el Puente de Carlos). Las calles de Praga no tienen termómetros: ignorar el frío lo hace, quizás, más tolerable. La única referencia es la previsión meteorológica, que ese día daba una mínima de 8 bajo cero.

Llegar al Karlův Most pasada la medianoche proporciona una visión diferente de la ciudad más bonita de Europa ("sin duda", en palabras de mi antigua profesora de alemán). A pesar del frío, los relaciones públicas (casi siempre hombres) tratan de invitarte a sus locales para que tomes una copa. Difiere de la noche madrileña en que en vez de "chupito" dicen "cabaret". Cuando ven que nos acompaña una mujer, rectifican: "Ladies no problem!". En la puerta de un local cualquiera, un monitor plano muestra el baile de varias mujeres con poca ropa. Presumiblemente, en el interior del local.

Praga combate el frío con el calor corporal. Las calles están plagadas de anuncios de lencería: las mujeres en ropa interior saludan desde las marquesinas a los hombres de carne y hueso que, indiferentes, se parapetan bajo sus gruesos gorros. La noche en Praga es oscura, porque todos los edificios del centro histórico (antes viviendas; ahora oficinas o, simplemente, viviendas vacías) apagan sus luces al terminar la jornada. Frío y oscuridad pasada la medianoche.

Terminar de comer tras el cambio de fecha supone haber comenzado más bien tarde. Praga apenas da de cenar a sus habitantes noctámbulos. Cuentan que durante el período comunista se cenaba muy pronto (a las 7 o así) y que, aunque el turismo ha cambiado los hábitos, todavía no han llegado aquí las costumbres mediterráneas. Las 22 son la hora maldita. Después de eso, poco; aunque aún se puede tener la fortuna de encontrar una pizzería. Siempre tienen menús en inglés, lo que se agradece (aunque resta emoción, sin duda).

No es posible cenar a las nueve cuando has salido de trabajar a las diez. Lo malo de los viajes relámpago es que sólo hay una oportunidad para hacer las cosas... y eso no entiende de horas. Especialmente si el departamento de R&D de la empresa suministradora está en California. El francés habla con ellos: allí es poco más de mediodía y están relajados; aquí se aproxima la medianoche y hemos superado las doce horas de trabajo. Los cinco españoles miramos... para que no se incumpla el dicho sobre los obreros de nuestra tierra.

Los checos se fueron a las seis. Me dice alguien de Madrid que están un poco afuncionariados. Serán menos eficientes, pero me quedo con su ritmo de vida. Es mucho menos estresante. [Donde dije "ritmo" iba a decir "calidad". Pero entonces recordé el edificio en el que trabajábamos: pasillos blancos y sucios, puertas viejas, baños precarios, ninguna ventana... y una especie de vacío que podría inspirar una película sobre el KGB].

La mañana se había despertado gris como el invierno checo. El hotel, un antiguo teatro, ofrece el desayuno en mesas para dos sobre lo que fue el patio de butacas. El buffet de salados está bien; pero los dulces les fallan. Praga es exactamente lo contrario de París; o así lo dice, quizás, Milan Kundera. Dos vasos de zumo más tarde, un coche de AAA (la más barata de las empresas de taxis) efectúa la transformación milagrosa: del teatro imperial al edificio de oficinas comunista. Visite las dos Pragas por 115 coronas. Mucho más barato (y menos tóxico) que conocer las dos Españas.

La historia termina con los tímidos rayos de sol que asomaron al mediodía. Los checos comen con agua y los españoles con pivo. Tener un local en el grupo nos permite, por primera vez, entender la carta de platos del día. Como siempre, el primero es sopa: como en Italia es pasta, como en España (o en su interior) fueron las legumbres. El caldo lleva algún tipo de carne cartilaginosa que no acierto a identificar. Mi compañero, más ágil que yo, la asemeja a los callos.

Eso es. El mediodía de trabajo es la versión checa de los Callos a la Madrileña. Estos, eso sí, se mojan en cerveza. Brindemos: Na zdraví!

5 comentarios:

Gummy dijo...

La próxima vez dile al fotógrafo que no beba tanto, que luego no hay forma de ver bien la foto.

zazou dijo...

¡plas-plas-plas!

me ha gustado mucho, tío. compruebo que este universo divisionalizado y gerencializado aún no ha acabado con tu lirismo xD

hasta mañana!

Hairanakh dijo...

gummy: si saliera nítida, no la habría puesto :-)

zazou: a sus pies. En el fondo, te la debía como pago al Madrid kafkiano.

Julio dijo...

Yo estuve en Praga dos veces. Una antes de que cayera el muro (verano del '88), y la otra después(verano del '92). Se notó el cambio.

Lo que más me gusta recordar es cuando comíamos "al precio más alto", porque evidentemente la carta no estaba en inglés por aquellos tiempos (el '88), y la cara que nos ponían los camareros cuando pedíamos 2 platos cada uno. Eso les dejaba a cuadros.

Wonka dijo...

Como te cojan la foto los del CSI de la tele, van a averiguar tu identidad en menos que canta un pixel.