31.10.05

Cafés pendientes

Mis ausencias de este rincón suelen coincidir con los picos de trabajo, del remunerado y del otro, de mi identidad real. Ahora serán más porque ha mejorado mi situación laboral (de sub-contratado a contratado) y, por tanto, la cantidad de tareas para las que soy enmarronable. Súmese al inicio de la Ronda Solar (aka año académico) en mi grupo scout y sale una hermosa excusa, con aires de justificación, para el parón del último mes.

Mi lista de cafés pendientes en el mundo real es larga. A los que estáis en ella, os pido un poco (más) de paciencia. Os ganáis el cielo conmigo, desde luego.

Para que no se pueda decir que olvido mis promesas (algunas hechas a mí mismo, otras a alguien en concreto), dedico esta entrada a enumerar esa otra lista de cafés, estos ya virtuales, que tengo pendientes en la blogo-lo-que-sea. Si mi memoria de pez olvida alguno, ruego al público que los añada (cómo no) en los comentarios.

En algún momento del futuro en este blog se escribirá:
  • Un artículo sobre el Diseño Inteligente. Confieso que, cuanto más busco sobre ello, menos lo entiendo.
  • Algunos más de la serie UBN.
  • Un pequeño experimento de divulgación científica sobre el principio de incertidumbre.
No tengo previsto, por cierto, escribir sobre el Estatut.

UBN (VII): Bartimeo

Si aún no lo has hecho, puedes leer la introducción a esta serie y/o el índice de todo lo publicado.

Era una tarde lluviosa de otoño, de esas en que la gente camina deprisa y la calle viste de gris. Empezaba a oscurecer. En una esquina, semiescondido tras una vieja manta, Bartimeo tenía los ojos perdidos en algún lugar que nadie más podía ver. Día tras día se sentaba allí, en aquel rincón, con una taza metálica y un cartón en el que se leía:
HACE AÑOS QUE VIVO EN LA CALLE. SI QUIERE PUEDE ALLUDARME
De lo primero daban constancia los harapos que le cubrían, su demacrado cuerpo y, si uno se fijaba bien, la botella de ginebra que ocultaba entre los cartones. Bartimeo había roto al tiempo con su matrimonio, su trabajo y su salud. Un combinado de alcohol y juego había sido el prólogo de su descenso a los infiernos. Ahora se contaba entre los indigentes, esos a los que los telediarios han puesto el poético adjetivo de desheredados, que no es más que un eufemismo para no tener que decir que su vida era una puta mierda.

Lo segundo era más complicado. La taza de Bartimeo apenas tenía unas cuantas monedas. Esa noche, como tantas otras, dormiría en un portal, entre unos cartones. Y a la mañana siguiente conseguiría algo de comida y una nueva botella en la que ahogar el nuevo día.

Cuando Jesús pasó por delante, Bartimeo gruñó algo. Jesús leyó el cartel y dijo: "Claro que quiero". Después tomó al hombre por los hombros, lo levantó y se lo llevó a casa. Una ducha, cena caliente, cama y ropa nueva.

~o~

Era una tarde de primavera, de esas en que la gente pasea despacio y la calle se deja acariciar por la primera brisa de hojas verdes. Empezaba a oscurecer. El capataz de la obra despidió a los trabajadores. Bartimeo se despidió y se dirigió al pequeño piso que compartía con Erwin, Ronald y Juan Carlos, tres compañeros ecuatorianos.

La vida seguía siendo dura. Aunque bebía menos, Bartimeo no había terminado de dejar el alcohol. El trabajo le exigía todo lo que su cuerpo era capaz de dar. Las tareas más rutinarias, como hacer la compra o la comida, se convertían en pesados retos.

Pero verse a sí mismo limpio, arreglado y entero, mirándose de frente en el espejo, había obrado el milagro. Bartimeo se sentía, de nuevo, dueño de su propia vida. Había recuperado la sonrisa. Había recuperado la dignidad.

Por supuesto que (casi) todo el mérito es del propio Bartimeo. Jesús sólo le tuvo una noche en su casa, al parecer. Fue algo tan suave (una comida, una ducha, una conversación) que resulta difícil calificarlo de milagro. Pero, visto en perspectiva, de lo que fue a lo que es ahora... ¿cómo llamarlo de otra forma?

Y, sobre todo, ¿quién tiene el valor de acercarse al caído y levantarlo?

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Seguimos buscando apóstoles. Si te dejas caer por aquí, suelta alguna sugerencia. Especialmente si suena descabellada.

3.10.05

UBN -- RFA: Request For Apostles

UBN quiere decir Una Buena Noticia y es una serie de relatos, más o menos breves, que cuentan anécdotas de la vida de un tipo llamado Jesús. Se inspira, claro, en los evangelios; pero se ambienta en el Madrid de principios del siglo XXI (es decir, ahora).

Estoy ahora esbozando al grupo de los Doce (que, probablemente, ni sean los --porque habrá mujeres-- ni sean doce)... pero no dejan de ser muchos personajes para una imaginación tan limitada como la del que suscribe. Por tanto...

Pido públicamente, a los lectores que así lo deseen, que esbocen algún personaje adecuado para ser amigo del prota de la historia (vale cualquiera) y lo dejen caer por los comentarios. Por lector se entiende, vaya, cualquier persona que esté leyendo estas líneas (sencillo, ¿no?). Incluyendo los que me leen con cierta asiduidad pero nunca se han atrevido ;-) a comentar.

Desapareceré por vacaciones (¡por fin!) hasta pasada la fiesta del Pilar. Aprovecho para hacer una visita (física) a la familia. Así que hay tiempo...

¡Ah! Y mil gracias por la colaboración.

2.10.05

UBN (VI): El cinturón y las sandalias

Si aún no lo has hecho, puedes leer la introducción a esta serie y/o el índice de todo lo publicado.

Jesús se acercó a Pedro y, sonriendo, le dijo:
Recordarás que de niños, en el barrio, jugábamos a lo que queríamos e íbamos adonde nos daba la gana. Pero ahora tienes a toda esta gente a tu cargo y, en realidad, sólo puedes dejarte arrastrar por el camino de lo que crees mejor.

Calzarse las sandalias del pescador (y todos tenemos un par de nuestro número) quiere decir dejar que tus pies te lleven al lugar que tu corazón anhela, aunque tus ojos no lo vean claro, tu respiración se fatigue y tu cabeza sienta que tu cuerpo ya no le pertenece.