2.3.06

Real men don't rape

Yo anduve viendo los toros desde la barrera. Me preguntaba un amigo sudafricano cuál fue mi primera impresión de su país, y si me había sorprendido no encontrar elefantes y leones cruzando la carretera. Ni me sorprendió, ni tuve ocasión: pasé mi semana sudafricana en Sandton City, que viene a ser como venir a Madrid y encerrarte en el Corte Inglés de Nuevos Ministerios, más o menos.

Es relativamente frustrante, para un alma trotamundos como la mía (sólo el alma, no se piensen), no poder siquiera fijarse en las constelaciones del sur; que ya saben cuánta luz hay en las ciudades por las noches. Además en los hoteles caros, como al que me mandaron, los lavabos están tan bien diseñados que apenas forman remolinos. De modo que sobre la naturaleza del mundo, la de las clases de física y los libros de astronomía, no pude aprender gran cosa.

Sudáfrica es un país de blancos inconfundiblemente británicos y negros inevitablemente sonrientes. Será la cultura o será que huelen al turista... pero todo el mundo te sonríe al hablar. Incluso (y especialmente) los camareros de los bares. Un bar es siempre un pequeño resumen de la cultura local: el aire acondicionado a toda potencia (los termostatos en torno a los 15ºC por defecto), la escasez de servilletas (jamás te pondrán una con el café o con una bebida... incluso te retirarán la que te pusieron con la comida), los eventos deportivos en la televisión (Sudáfrica - Australia es el sumum de la rivalidad; sea en rugby o en cricket).

La experiencia, desde la barrera, ha sido provechosa. Al menos, para entender hasta qué punto África es "otro mundo". ¿Por qué? Veamos: los enlaces de comunicaciones inalámbricos son mucho más fiables, porque no hay riesgo de que te roben los cables. Una conexión de 64 kbps (compartidos) puede costar unos $200 mensuales. Un 6.7% de los africanos tiene acceso al teléfono. La mayor parte de los costes de inversión en África se va en licencias (cuando no en sobornos), que nadie sabe muy bien dónde van a parar (o tal vez sí, que es peor). Y, sobre todo, ¿qué sentido tiene todo esto con la cantidad de africanos que ni siquiera tienen acceso, por ejemplo, a la educación?

Esas cosas son de las que se quedan bien adentro de uno, para masticarlas despacito. Ya irán impregnando otros comentarios por aquí, supongo...

Termino: Sudáfrica en una imagen. La televisión está puesta al fondo. No la oigo, pero sí puedo verla. Es el intermedio de un partido de fútbol de máxima rivalidad, durante los anuncios. Fondo negro y una mujer. Mira a la cámara y comienza a hablar, de forma amenazante. Toma un revólver, lo carga poco a poco, cierra el tambor y nos apunta. A los que estamos viendo el televisor. Me pregunto de qué es el anuncio. Ella sigue hablando, serena, segura, amenazante. Parece que quiere disuadirnos de algo. Y entonces, el lema de la campaña (probablemente financiada por un organismo público), en blanco sobre fondo negro:

"Real Men Don´t Rape"

Y pienso cuánto ha debido de sufrir un país para tener que hacer una campaña así.

"Los verdaderos hombres no violan"

Escalofriante.

2 comentarios:

Inma dijo...

Podrías poner alguna foto... (¡qué envidia con tantos viajes!)

Erdholiel dijo...

Lo grande que es el mundo y lo pequeño que lo hacen las comunicaciones, por desgracia esta lleno de contrastes tremendamente macabros en los que los ricos viven su vida en una continua burla a los que la suerte les ha hecho nacer sin nada, para estos el mundo sigue siendo muy grande o incluso más de lo que lo es realmente. ¿Y nosotros en que posición estamos? Debemos hacer algo… Que suerte tienes de conocer tantos lugares. Besos