10.1.07

Nosotros, vosotros, ellos

¿Dónde estás, mujer? Ni siquiera levantas la voz para una disculpa. ¿Cuáles son hoy tus motivaciones? ¿Cuál es tu estrategia?

Hoy nosotros seguimos donde estábamos. Mientras vosotros y ellos montáis un extraño circo en el que parece que suceden cosas, pero donde, en realidad, todo sigue como siempre. A veces me pregunto si uno debería siquiera tomarse la molestia de escribir sobre las elucubraciones mentales de una banda de delincuentes. Sé a ciencia cierta que tú no me vas a leer, de modo que no he buscado siquiera vuestro nuevo comunicado.

La vida es tan asimétrica que, muy probablemente, jamás me pongas voz ni cara. Yo no puedo ponerte cara, aunque sí voz. Pero no te debes confundir: aunque sean vuestras motivaciones las que más se discutan en los medios, aunque mi estrategia es, en este contexto, irrelevante, pertenezco a un nosotros potencialmente mayor que el vuestro. Te supongo la inteligencia suficiente como para saber que, a pesar de lo que se lee por ahí, no tenéis la sartén por el mango. Como golpe de efecto, está bien. Pero no es más que eso.

Hoy vosotros seguís donde empezasteis. Pensáis que vuestras palabras y vuestros actos son la medida con que juzgamos el devenir de nuestras vidas. Pero os equivocáis. Cada vez más. De cada golpe vuestro salimos fortalecidos.

No os confiéis en la estrategia de la amenaza. Habéis hecho fuertes a los que intentábais debilitar; así sucede a veces. En la medida en que pueda evitarlo, yo, nosotros, resistiremos la tentación de dejarnos intimidar.

Hoy ellos siguen donde empezaron. Cuando miro los asientos de nuestros representantes no puedo evitar estremecerme. Todos mis apoyos teóricos al buen sistema se tienen que enfrentar con la terrible cuestión práctica de quiénes son sus timoneles. Me debe de faltar la fe del utópata.

Ellos piden nuestra confianza, nuestro apoyo. El mío lo tendrán, tal vez, si ellos y los otros abandonan su perpetua causa (o la aparcan) y se suman a la nuestra. La confianza se gana. La mía no la entregaré a ningún grupo con un apoyo inferior al 80%. Aproximadamente.

¿Dónde estás, mujer? No te odio. No puedo odiarte, porque no quiero ensuciar la memoria de los que quedaron bajo los escombros. Pero desearía que supieras llorar.

Arrepentirse no es revolcarse en la culpa, sino asumir la responsabilidad de cambiar. No os ofrezco perdón, porque no me corresponde, pero sí consejo: hacedlo. Por el bien de la estrategia. Sólo así nosotros, vosotros y ellos serán palabras vacías para nuestros herederos.

3 comentarios:

kykoche dijo...

por qué matar inocentes es tan fácil y hacer buena política tan difícil?

Morgan, "el bicho" dijo...

Porque para matar a una persona, necesitas un arma y convicción. Mientras que para hacer buena política necesitas un esfuerzo continuo y diario atendiendo las peticiones de los que "resistiremos la tentación de dejarnos intimidar", al menos durante 4 años.

La verdad es que el culebrón "gobierno-banda criminal" está ya cansando demasiado. La paz no debe ser firmada con la sangre de los que estamos sufriendo los asesinatos de estos encapuchados.

Esperemos que la hipocresía del gobierno no tome parte en las decisiones para acabar con la violencia.

nihiless dijo...

Clavado el post a Alfonso de Celaya. felicitaciones. añadí:

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.