29.1.07

No sos vos, soy yo

Llegado este momento me planteo si no será mejor dejar que la palabra fluya, que siga el rumbo que le marquen las pulsaciones de los dedos deslizándose sobre el teclado, que no sea la mente quien dirija en exceso al verbo, sino viceversa. El viernes (¿o tal vez el jueves?), cuando bajaron a buscarme para ir a comer, dijeron que, aunque dejara de mover las manos, probablemente el teclado seguiría marcando un rato más su claqueteo rítmico. Este, el de casa, es más blando, y su sonido es más apagado, como si le hubieran puesto sordina.

Verán: esto de escribir es un constante reinventarse a sí mismo. Lean El Dulce Porvenir y lo entenderán. Espero. Sentarse delante de la pantalla, sin nada que contar, porque la mente ha estado toda la semana ocupada en descubrir los pequeños detalles que hacen tan intricadamente difícil la definición técnica del servicio proporcionado por... No, no sigo. ¿Lo ven? Es inevitable: lo sabe mi amigo de Burgos (del de más allá de la India), que teme encontrarse conmigo en su tiempo libre, porque acabamos sumando aún más horas de trabajo. Si dejo fluir la trastienda de mi mente, apartando aquellos pensamientos pequeños que deben quedarse siempre en el rincón de lo más íntimo, los primeros en salir son los servidores, las especificaciones técnicas y los foros normativos. Algún día quizás destripe las entrañas del mundo de la televisión digital, que no creo que haya muchos lugares de la blogocosa donde el porcentaje de lectores que es experto del gremio sea tan alto.

Pero hoy quería contarles otra cosa.

Grabado en lo más hondo de esta máquina que escribe, en los rincones de la memoria que hace millones de ciclos que nadie accede y que, a fuerza de no refrescarse, está cada día más fragementada; en aquel oscuro segmento que quedó reservado por un proceso que probablemente se perdiera en algún acceso ilegítimo... milagrosamente respetada por el recolector de los residuos, he encontrado un antiguo relato. Es la historia de una vida narrada en prolog y ensamblador: a veces abstracta y elevada, muchas otras pequeña y ruda. Una gota de sangre eldarin mezclada con las costumbres de los hijos de Aulë. Una talla de plata sobre un lecho de piedra.

Me llamo Hairanakh. En la antigua lengua de los hombres del oeste, que ya nadie habla desde que su reino cayó en desgracia y se hundió en el mar, significa "El que viene de lejos". Y es tan cierto como que me voy de cuando en cuando. Pero nunca para siempre. Esto que les cuento no es más que una historia. Mi propia historia.

Una mañana de enero desperté. La pálida magia del sol de invierno rozaba mi nuca mientras un parpadeo en la pantalla me recordaba que aquella amiga con la que apenas había hablado en los últimos tres años seguía allí. No pude dejar de sonreír.

10.1.07

Nosotros, vosotros, ellos

¿Dónde estás, mujer? Ni siquiera levantas la voz para una disculpa. ¿Cuáles son hoy tus motivaciones? ¿Cuál es tu estrategia?

Hoy nosotros seguimos donde estábamos. Mientras vosotros y ellos montáis un extraño circo en el que parece que suceden cosas, pero donde, en realidad, todo sigue como siempre. A veces me pregunto si uno debería siquiera tomarse la molestia de escribir sobre las elucubraciones mentales de una banda de delincuentes. Sé a ciencia cierta que tú no me vas a leer, de modo que no he buscado siquiera vuestro nuevo comunicado.

La vida es tan asimétrica que, muy probablemente, jamás me pongas voz ni cara. Yo no puedo ponerte cara, aunque sí voz. Pero no te debes confundir: aunque sean vuestras motivaciones las que más se discutan en los medios, aunque mi estrategia es, en este contexto, irrelevante, pertenezco a un nosotros potencialmente mayor que el vuestro. Te supongo la inteligencia suficiente como para saber que, a pesar de lo que se lee por ahí, no tenéis la sartén por el mango. Como golpe de efecto, está bien. Pero no es más que eso.

Hoy vosotros seguís donde empezasteis. Pensáis que vuestras palabras y vuestros actos son la medida con que juzgamos el devenir de nuestras vidas. Pero os equivocáis. Cada vez más. De cada golpe vuestro salimos fortalecidos.

No os confiéis en la estrategia de la amenaza. Habéis hecho fuertes a los que intentábais debilitar; así sucede a veces. En la medida en que pueda evitarlo, yo, nosotros, resistiremos la tentación de dejarnos intimidar.

Hoy ellos siguen donde empezaron. Cuando miro los asientos de nuestros representantes no puedo evitar estremecerme. Todos mis apoyos teóricos al buen sistema se tienen que enfrentar con la terrible cuestión práctica de quiénes son sus timoneles. Me debe de faltar la fe del utópata.

Ellos piden nuestra confianza, nuestro apoyo. El mío lo tendrán, tal vez, si ellos y los otros abandonan su perpetua causa (o la aparcan) y se suman a la nuestra. La confianza se gana. La mía no la entregaré a ningún grupo con un apoyo inferior al 80%. Aproximadamente.

¿Dónde estás, mujer? No te odio. No puedo odiarte, porque no quiero ensuciar la memoria de los que quedaron bajo los escombros. Pero desearía que supieras llorar.

Arrepentirse no es revolcarse en la culpa, sino asumir la responsabilidad de cambiar. No os ofrezco perdón, porque no me corresponde, pero sí consejo: hacedlo. Por el bien de la estrategia. Sólo así nosotros, vosotros y ellos serán palabras vacías para nuestros herederos.

2.1.07

Hoy hace 100 años...

El 1 de agosto de 1907 Baden-Powell hizo sonar el cuerno kudú en la isla de Brownsea. Comenzaba así el primer campamento scout de la historia. Hoy, un siglo después, de aquellos 20 muchachos del campamento experimental de BP hemos pasado a 26 millones de scouts en 216 países y territorios.
En 2007 celebramos el Centenario del Movimiento Scout. Sospecho que los que me tengan cerca se van a hartar de oírmelo decir :-) En todo caso, están ustedes invitados a lo que me ha tenido entretenido en mi semana de vacaciones navideñas.

Bienvenidos a GuadaJam ('Vive el Centenario en Guadalajara'). Y juzguen benévolamente, es mi primera incursión (y en tiempo récord) en WordPress.