29.7.07

Inaugurado el Jamboree Scout Mundial

Ayer fue la inauguracion oficial del Jamboree. 40.000 personas(*) reunidas en el Arena (la explanada en la que tienen lugar las ceremonias) ondeando banderas de 154 paises… En resumen, una experiencia impresionante.
Sigue...

(*) Segun la organizacion. Lamentablemente no tenemos ningun manifestometro para confirmarlo... :-)

26.7.07

Saludos desde el Jamboree!!

Mas info, aqui.

Dentro de 24 horas, 40.000 scouts de todo el mundo estaremos reunidos es Hylands Park, Chelmsford, Essex, UK, para celebrar el centenario del escultismo. Esto es muy grande...

11.7.07

Tú eres de los míos

Tú eres de los míos.
Tú, hombre. O tú, mujer.
Tú, niño, niña, joven, anciana.

Tú, homosexual militante, hombre conservador, demócrata, liberal, socialista, comunista, nacionalista, anarquista, minarquista, socialdemócrata, apolítico. Tú rico, pobre, obrero, empresaria, parada, "tus labores", conductor de autobús, deportista de élite, cantante de rock, blogger. Tú que vendes helados en el paseo de San Roque, que faenas en la costa del Mediterráneo, que cultivas la tierra en Senegal, que diseñas circuitos electrónicos en Seúl.
Tú eres de los míos.

Amigo, hermano, camarada, compañera, aliado, colega, socio, competidor, adversario, rival, enemiga.
Pro-vida o pro-elección, izquierdista o derechoso, centralista o localista, creyente o escéptico, practicante o pasivo, solidario o pragmático. Cristiano, budista, musulmán, judío, hindú, ateo.
Tú eres de los míos.

Porque te gustaría que tu hermano, tu padre, mi madre, mis amigos, tu novio, Pepe el del quinto, Marta de Benito (a la que ni tú ni yo conocemos, pero seguro que existe), Leonella Sgorbita, John Smith, Julia Roberts, Inge Scholl, Dimitri Karalevicius, Alberto, Rocío, Miguel, Elisa, la rubia del asiento de enfrente del autobús, el vendedor de periódicos del puesto de la esquina, el chico del gimnasio, la niña africana (nunca recuerdas de dónde es) que sale en el telediario, fueran un poco más felices. Mejor, completamente felices.
Ese es tu mundo ideal. Por eso tú eres de los míos.

Por eso no importa que tú, que yo, que todos los demás, estemos equivocados.
No importa, amigo, hermano, compañera, enemigo, que nuestras ideas políticas sean distintas, que nuestras escalas de valores no acaben de coincidir, que lo que tú piensas que está bien yo piense que es reprobable, que viceversa, que no comprendas lo que yo amo, que creas que jamás seremos capaces de entendernos.
Porque, amiga, hermana, compañero, enemiga, aunque no sepamos cómo conseguirlo, aunque nuestros caminos discurran separados, aunque jamás vayamos a ponernos de acuerdo en cómo se hace, sabemos cuál es la meta: un mundo más feliz.
Por eso tú eres de los míos.

Y créeme (o, mejor, piénsalo...). Somos más. Muchos más. Estamos casi todos.
No podemos perder.

(Por cierto, amigo, hermana, compañero, enemigo: esta es tu casa. Bienvenido. Bienvenida)

8.7.07

Misterios

Hay dos tipos de novelas de misterio o, mejor, de misterios de novela: los que no se pueden resolver y los que se resuelven solos.

El primer tipo lo puso de moda Sir Arthur, supongo. (Quizás no fue él, pero esto no es una tesis sobre literatura, oigan, sólo una crítica a Dan Brown, y me sirve para el argumento). Después de desconcertarte durante páginas y páginas sobre sucesos misteriosos irresolubles, resulta que llega Sherlock en el último capítulo y encaja todos los supuestos datos inconexos en una perfecta teoría que sirve para detener al asesino. Los hechos están ahí, nos dicen, sólo había que hilarlos adecuadamante.

El golpe de efecto es tremendo. Yo también me sentí un poco imbécil la primera vez que Holmes resolvió un caso delante de mis ojos. Pero Doyle carga tanto la mano que el truco se descubre enseguida: los casos están sobrecargados de pistas ambiguas en la que la única interpretación válida es siempre la del genio detective. Además tú como lector rara vez tienes acceso a toda la información, ya que Holmes suele sacar datos nuevos en el capítulo de explicación que viene al final de cada caso. De modo que, en la práctica, tenemos tan pocas posibilidades de descubrir al asesino a mitad del libro como de diagnosticar al paciente de House sólo con los síntomas escritos en la pizarra. Lo único que sabemos es que el asesisno no es el mayordomo y que el paciente, claro, no tiene lupus.

Agatha Christie es más sutil, porque ella sí desparrama adecuadamente sus pistas por todo el libro. Así que cuesta más darse cuenta de que, al final, sucede lo mismo: Poirot siempre sabe cosas que nadie nos ha contado. Sin embargo sí es posible sacar algo de información sobre lo que está pasando e intuir algunas de las sorpresas que el detective belga nos prepara para el penúltimo capítulo. Sobre todo en cuanto conocemos algunos de los trucos de la escritora: las inconsistencias con las horas, los falsos odios (si dos personas parecen odiarse a muerte, casi siempre son cómplices) y, en general, las coartadadas que se dan por supuestas en algún momento del libro, pero que luego se pueden desmontar con cierta facilidad.

De este misterio de primera especie siempre sacamos la misma conclusión: es un truco de manos que se hace delante del espectador para que parezca que él podría haberlo resuelto. Sin embargo, el escritor y su detective se guardan tres o cuatro ases bajo la manga que el lector nunca tendrá. Y con esas cartas es difícil ganar.

Conscientes de la complejidad de estos misterios, los perpetradores de best-selleres se lanzaron de cabeza al extremo opuesto. Los protagonistas encuentran un enigma en mitad de su camino que deben resolver antes de seguir adelante. El enigma tiene que ser lo suficientemente sencillo como para que su solución se presente en media página (o un par de minutos de película, todo lo más). Y el resultado suele ser lamentable.

Andaba yo hace un rato hojeando El Código Da Vinci y reflexionando sobre lo patético que resulta tener a todo un equipo de "expertos resolvedores de misterios" pensando cómo descifrar un mensaje que se ve a kilómetros que ha sido escrito con un espejo. Y así pasa con todo: criptoanalistas que se vuelven locos para descifrar un código de sustitución de letras, sistemas de alta seguridad en los que la única persona del mundo que puede acceder pone como contraseña el nombre de su perro (y en mi trabajo la tengo que cambiar cada 45 días, mezclando mayúsculas, minúsculas, números y caracteres especiales)... incluso, en uno de los casos más deprimentes que han pasado por mis manos, un tipo tremendamente orgulloso de descubrir que 91.37.45.10 no era ninguna extraña cifra cabalística sino una dirección IP.

Por todo esto cada vez me interesan más las vías alternativas para resolver el problema del misterio. Se me ocurren dos, que he leído por ahí. La primera es rebajar el nivel de genialidad de los detecives: como lo más probable es que el escritor no se un genio (hay tan pocos en el mundo...) es difícil que sea capaz de pensar como uno. Por tanto eliminamos al detective perfecto y lo sustuimos, por ejemplo, por una pareja de competentes guardas civiles. La segunda alternativa es crear efectos especiales algo más difíciles de desarmar. El código de César se sustituye por un cifrado complejo basado en las posiciones iniciales de una baraja de cartas.

Estoy seguro, no obstante, de que en los últimos años han tenido que aparecer aportaciones interesantes al reino de los misterios de novela. Si usted, amigo lector, conoce alguno, le agradecería que me dejara la sugerencia en los comentarios.

(como diría Aznar, "¡vaya coñazo les he soltado!")